Ya estoy aquí, mi amado,
he venido esta noche a decirte,
que sin ti mi vida es muy triste,
si no te siento a mi lado.

Toma mi hoja de acero,
siente el cristal de mi roca,
toda mi tinta es tan poca,
para decirte te quiero.

Olvídate de mujeres,
ninguna te va a dar más hijos,
conmigo serás más prolijo,
si no pruebas sus placeres.

Yo te llevaré a la cima,
de la emoción y del pensamiento,
y mientras noto como te siento,
de cada verso, te haré una rima.

Vuela conmigo, mi amor,
surca conmigo estos cielos,
perdóname mis desvelos,
mientras me abrazas mejor.

Yo te daré libertad,
príncipe azul de mis sueños,
y un día serás mi dueño,
a cambio de tu lealtad.

Gracias por tu bondad, mi niño,
bebe de mis senos preciados valores,
pronto viviremos tiempos mejores,
mientras te acuno con todo cariño.

José Luis Meléndez. Madrid, 6 de septiembre del 2016
Fuente de la imagen: Flickr.com

Comentario del autor:

El poema fue contestado hace meses por el autor, con otro (el más romántico y subidito de tono hasta la fecha). Pero aún, no se ha publicado, al igual que otros seis. Sólo lo ha oído una bibliotecaria. Y por la cara que puso, cuando se lo leí, deduzco que le gustó bastante. Coincido con ella, y voy más allá: creo que es el mejor.

Sigo teniendo la sensación de que todos fueron dictados por la misma musa, en apenas veinte días. Nunca olvidaré la magia del verano pasado. Una lunita de miel, muy, pero que muy espiritual. Tanto es así, que cada vez que me acuerdo, me emociono. Porque ¿qué es una luna de miel tradicional, comparada con una experiencia como esta?

Pues ya lo ven. Resultado: diez hijas hermosas, que dentro de poco cumplirán su primer año (bueno también hay algún niño que ha salido un poco constestatario )

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