Todos debemos tener la capacidad y el derecho a sentirnos libres y felices

Se llama Antonio Centeno. Vive en Barcelona, tiene cuarenta y cinco años, y es activista social. A los trece años, se tiró de cabeza a una piscina, en la cual creía que había el agua suficiente, para amortiguar el salto. Se rompió las cervicales y la médula espinal.

Después de algún intento de suicidio, pensando la vida que le esperaba, decidió normalizar su vida, y racionalizar sus ideas, a través de las matemáticas, carrera en la cual se licenció. Ha colaborado como actor en la película “Vivir y otras funciones”,  film que aborda y hace visible el problema social de la diversidad  funcional, interpretando su propia papel en la vida, y ha creado una web de intermediación social dirigida al colectivo discapacitado, llamada asistenciasexual.org, entre cuyos fines están los de satisfacer las necesidades sexuales y afectivas de dichas personas.

Cansado de los mensajes compasivos y resignados de la sociedad con respecto a su colectivo (lo que él llama el manual del buen minusválido), decide transformar su ira, y convertirse en activista social de la diversidad funcional, en el Movimiento de Vida Independiente. La asociación reivindica la independencia personal de cada individuo, a la hora de gestionar el apoyo social que necesita el minusválido, sin que la diversa forma corporal de cada uno de sus miembros, sea motivo de discriminación.

De esta forma, es el individuo es el que comunica sus necesidades a su asistente personal. La persona afectada, es la que cuida de sí mismo, con la ayuda de otra. Con esta iniciativa, se pretende que el individuo no esté encerrado en una residencia, bajo las directrices de ésta. El derecho a la libertad, y a controlar la propia vida, son según Centeno, derechos fundamentales.

En la memorable entrevista realizada por Víctor-M. Amela en La Vanguardia, Centeno reclama el derecho al placer, que la sociedad niega al colectivo de diversidad funcional. “Todos los cuerpos tienen derecho al placer”, añade el matemático. Por este motivo, desde Vida Independiente, se pretende potenciar la figura del asistente sexual, una actividad laboral remunerada.

Entre sus funciones están ayudar a la persona impedida a realizar su vida sexual, bien sea de manera individual, por medio de la masturbación,  facilitando un encuentro sexual con otra persona sin movilidad, o el acceso a los profesionales del sexo, con tanto derecho como otro, añade.

En definitiva lo que pretende la asociación inspirada por Ed. Roberts allá por los años sesenta en Estados Unidos, es que la asistencia sexual sea un derecho gratuito. Porque  todos debemos tener la capacidad y el derecho a sentirnos libres y felices.

José Luis Meléndez. Madrid, 7 de mayo del 2017.
Fuente de la imagen: Flickr.com

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